Jueves, 15 Enero 2026

Lo colectivo es parte de lo humano, los encuentros trenzan materiales y memorias

Armar una pieza se logra sola; hacerla con alguien es alcanzar un resultado mayor porque despierta vínculos, historias que se comparten y se suman. Hoy, lo hacemos en talleres, hogares, ferias, reuniones de amigas, vía zoom pues redunda en amistad que no sólo trenza hilos sino arte, diseño y vínculos.  

Para cipetur.com por Lic. Ma. Elisa Fernández Delgado

www.laseranadeloeste.com www.laserenadeloeste.blogspot.com

 

Antecedentes

Durante el s. XIX (19) y más las mujeres que vivían en zonas rurales de Estados Unidos comenzaron a reunirse en sus cocinas, patios y graneros con el motivo de coser colchas colectivas a las que denominaban “Quilts”. Pero no eran las únicas… (ver foto 3 y 4)

Detalle: Además, estas tres fotos anteriores marcan el desarrollo de la fotografía en el mundo, la (2) en sepia, la (3) en blanco y negro y por último la (4) a color…

Cada mujer, llevaba sus propios retazos y la colcha se armaba entre todos los materiales que habían juntado previamente en sus hogares. El resultado del colectivo, era lograr armar una colcha “nueva” con el objetivo de regalársela a alguna de ellas cuando se casara, otras eran para los nuevos hijos que llegaban a los hogares de cada una. Ser parte del grupo daba un respaldo y un vuelo mayor también a sus vidas.

Había grupos de mujeres que cosían prendas para una boda, bordaban manteles y sábanas con las iniciales o nombres de la novel pareja; también ayudaban a armar el ajuar de los niños y hasta zurcían prendas desgastadas cuando lo requería. Entre puntadas, se daban el lujo de reconstruir sus historias, personales y familiares; en otros encuentros, compartían recetas de las regiones de sus ancestros inmigrantes. Reunirse para hacer manualidades, trenzar hilos y lanas, también era cuidarse y acompañarse.

Estos encuentros tenían nombre, les decían ´Quilting Bees´ o “enjambre de mujeres”.

Entre todas cosían, bordaban y tejían, pero a la par, también se escuchaban, acompañaban o aconsejaban según surgiera en la conversación de cada encuentro.

Es decir, cada puntada formaba parte de una historia, cada tela contaba su memoria, hasta que la compartían para ser parte de un nuevo destino colectivo al que se integraban las pequeñas piezas y retazos. Compartir era acompañarse de memorias.

Otras de las formas de integración colectiva las alcanzaron a través del tejido. Se reunían a elaborar largas bufandas para los hijos de todas, para los que se iban a luchar, para los que llamaban para pelear en las guerras, para los que se mudaban a vivir a la capital o a otras ciudades más grandes que los pueblos de origen, y también para aquellos que podían marcharse lejos a estudiar… porque no se distinguían clase social de las necesidades de una persona.

Etapa contemporánea, siglos XX (20 y XXI (21)

Aunque la sociedades han cambiado y vivimos desde hace larga data con otras formas de comunicarnos, sea por celular, Internet y ahora además a través de la AI (Inteligencia Artificial) resulta que aún hay grupos sin distinción de género que nos reunimos a trabajar con las manos (manualidades…) y no por ello pertenecemos a una generación en extinción. Explico el alcance de la afirmación.

En los Shoppings, en general, se pueden observar y comprar, prendas elaboradas con lanas rústicas, tejidos en dos agujas, en crochet, en Macramé… en variedad de colores y materiales de lanas, hilos, sedas, sintéticos... De la misma manera y desde hace tiempo se pueden comprar artesanías de calidad, no sólo en madera, cerámica, peltre, vidrio, piedras preciosas… y se elaboran en todo el país.

Ejemplo de ello son también, hoy por hoy, las marcas que las agrupan como “Manos del Uruguay”, se podría decir que fue la que concentró en el interior del país a varias cooperativa de mujeres artesanas, a las que se les enseñó a construir una prenda de exportación, así se alcanzaba a crear grupos de mujeres a las que se les enseñaba sobre lo que se requería en tejidos para un mercado exigente, además debían cumplir con las entregas de grandes cantidades de prendas u objetos. También, comenzaron a vender en plaza. Tiempo después, surge “Hecho Acá” bajo la gestión de la ex señora del Presidente Jorge Batlle, es otra propuesta de valor en arte y en objetos de calidad para su venta, sea para minoristas compradores residentes y/o del sector turismo.

Complementando a estas dos grandes asociaciones, desde que se creó la Feria del Libro y del Grabado (1961, 1ª Edición en el Palacio Municipal de Montevideo, creación de Nancy Bacelo) luego la realizará durante las décadas de 1970 y 1980 en el castillo que era el domicilio de la escritora Esther de Cáceres (actual predio de la Torre de los Caudillos, avenida Rivera y Bulevar Artigas), un sector dentro de la Feria se destinó a los artesanos a los que se les seleccionaba en lo previo para mejorar el nivel de la oferta. Esta Feria la gestionó a lo largo de 50 años su autora hasta su fallecimiento en 2007, desde entonces un colectivo integrado por artesanos y otros que integraban la organización, se reunieron y propusieron que se realice en el Parque Rodó bajo la denominación de “Feria IDEAS+”.

Los mercados artesanales, las ferias, las rurales… son ámbitos que también reúnen a gran número de artesanos y productores de propuestas cuyos objetos y prendas requieren de tiempo de elaboración, dedicación, manualidad y formación. Además, se han sumado los nóveles diseñadores que hoy el país tiene en su oferta y que el exterior demanda por su creatividades. No puedo dejar de mencionar que la educación formal en diseño industrial cuenta desde hace tiempo con la Escuela Universitaria de Diseño, con Bellas Artes y con otras formaciones privadas de nivel universitario que ha permitido formar a las nuevas generaciones en el diseño de materiales nobles para que se destaquen aquí y allá al emplearlos con conocimiento. Son materiales existentes que siempre tuvo el país llámese cuero, madera, metales, piedras preciosas, guampa, hueso… donde al sumarles un diseño destacado, se obtiene un objeto, una prenda de valor mayor para un mercado dinámico.

Un hecho puntual familiar que nos atravesó y unió

 

Para especificar que aún hoy existe este tipo de camaradería a través de la manualidades de todo tipo (artesanías, tejidos, vestimenta, diseños de autor…) en lo previo de una boda familiar, a la novia se le ocurrió que la familia compuesta por la abuela, la madre, las tías, y las primas de la madre residentes en tres lugares diferentes del país, debíamos realizar en crochet los “apoya plato” para la cena de la boda familiar y de amigos de ambos novios. De esta manera, los invitados también podrían llevárselos al finalizar la velada como souvenirs.

Un mes antes de la boda aquel grupo de mujeres de la familia nos integramos para dar pie a una Odisea contra reloj porque en menos de un mes el equipo de crochetistas dentro de las cuales algunas nunca habíamos realizado nada en esta técnica nos pusimos a practicar haciéndolo, y aprendimos con otras dos, más sabias que nos transmitían Tips para alcanzar a realizar mayor número de apoya platos en crochet de un verde inglés; el material lo aportó el tío Raulo de la novia y muchos aún los conservamos.

La abuela Celsa, se encargaba de recepcionar y agruparlos entre los que más se parecían; la mamá de la novia (yo) logré tejer unos cuantos igual que la tía Blanca también de Montevideo; del área Metropolitana Oeste trabajaban a la par las tías Tere y Vero que ambas sabían crochet y los construyeron con gran prolijidad, pero en menor número por ser más prolijos; las primas Ana y Emilia de Cardal (Depto. Florida) remitieron gran cantidad, hasta se aparecieron con varios más… el mismo día de la boda.

El grupo de mujeres construido no pudimos descansar durante ese mes por estar a full con tanto crochet, al equipo de unas siete mujeres constantes, se nos sumaron algunos hombres e hijos a ayudarnos con el armado al que sumamos a último momento, coser sobre un costado unas flores secas... La unión para entrelazar aquel hilo o rafia sintética gruesa e indomable… nos dejó exhaustas, pero casi cumplimos con el objetivo de los 220 apoya platos… El verde se lució a plenitud en las mesas vestidas con manteles blancos, lo más grato fue saber que la novia quedó más que agradecida pues comentaba a sus amistades y amigos, la hazaña en la que nos había metido a toda la familia.

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